Las dos caras de Goa y el Karma yoga

Y llegamos al sur. India descansa en el sur, se relaja, se baña en sus mares, se esconde en sus selvas y se endulza con el sabor de sus frutas. Es otra india, otro clima, otro idioma, otra cocina y otra piel. Entramos por Goa, un estado con vestigios de un pasado portugués revelado por sus villas coloniales y sus iglesias blancas escondidas entre palmerales y bugambilias. Sus playas de arena blanca acogen a un gran número de turistas nacionales e internacionales, provocando un curioso descubrimiento del otro.

Decidimos alejarnos y descubrir otra Goa.

Para ello recorremos en motocicleta sus caminos, pueblos rurales, ríos y cascadas siguiendo el camino del sol hasta que se pone en el mar, en un espectáculo de extrema belleza. Necesitábamos el mar  para diluir la intensidad del norte y digerir un Varanasi que nos había llenado los ojos de amaneceres, la mente de preguntas y el cuerpo de pequeñas bacterias. El mar nos ofrece una sensación de calma y silencio que anhelábamos.

Cyril tiene alergia a las burbujas turísticas y decide viajar al interior hacia tierras más salvajes. Yo tampoco las sufro pero decido aprovechar sus ventajas y me retiro un mes en una escuela de yoga entre palmeras. Alrededor de un lago y alejada del pueblo, alejada del mundo, alejada de mi compañero pero muy cerca de mí misma y del mar.

Me encanta viajar hacia mi misma. Es en mi soledad que me encuentro pero también en las 20 personas provenientes de los 6 continentes y de 11 países, que compartirán conmigo esta experiencia. Cuando tantas personas de orígenes distintos se encuentran en un grupo suceden muchas cosas. Se convierte en una especie de habitación de espejos donde puedes ver aspectos de tu personalidad en cada uno de ellos, lo que se transforma en un ejercicio de autoconocimiento fascinante.

Tengo una casita con ratas en el techo (no todo es idílico) que da al lago y que me ofrece un despertar de colores al amanecer. Abro la ventana y oigo la voz fina de Gurumuck, uno de los maestros, que canta y toca en su harmonium melodías lejanas que evocan esa india profunda y mística que todos tenemos en la imaginación. Ese mismo profesor nos induce a meditaciones cada atardecer con técnicas ancestrales pero también con métodos modernos que energizan el cuerpo y la mente. Nos enseña a movernos muy lento, a escuchar el silencio y a contemplar; cultivando una mirada vacía de pensamientos. Nos lleva a la playa para hacer hatha yoga contemplando la puesta de sol en el océano. Es en ese preciso instante que las fuerzas duales del mundo, los contrarios se unen. El dia y la noche se encuentran, se funden en ese momento y un equilibrio reina.

Por las mañanas Deep o Sinduja combinan a la perfección tradición y modernidad y nos introducen al ashtanga y vinyasa yoga. A pesar de que disfruto torciendo mi cuerpo y llevándolo a límites insospechados prefiero el gnana yoga o yoga del conocimiento. Ya aparecía en los textos antiguos del Bhagavad Gita, que trata de transformar la mente a través del conocimiento filosófico y metafísico. Por suerte el curso también contaba con unas clases de filosofía donde disfrutaba y desaprendía muchísimo.

Y este cuento no se a acaba aquí y tampoco tiene un final feliz precisamente.

Una noche mientras volvía por la playa, sola, unos gritos rompieron toda mi calma y equilibrio. Una chica desnuda y cubierta de arena venía corriendo desesperada gritándome ayuda. Mi reacción fue cogerla de la mano y echar a correr hacia un bar que estaba a unos 300 metros detrás de las palmeras. Corrimos a una velocidad increíble y en cuanto hubo luz la vi. Me cuesta explicar lo que vi, pero desde aquí hago un intento para gritar en voz alta al mundo. Y denunciar la violencia machista presente en India y en todo el mundo.

Vi la cara del horror, del miedo, de la vergüenza, de la humillación…

las heridas, los golpes las mordeduras, todo su cuerpo era terror. Había sido brutalmente violada y golpeada por un chico que había conocido en la playa ese mismo día. En el momento en que él la iba a llevar al mar para ahogarla probablemente, ella había conseguido escapar encontrándome a mi en una playa vacía. Viajaba sola y el chico le había robado todo, hasta su integridad.

Pasamos toda una noche en hospitales vacíos, vacíos de personas, de médicos, de material y de medicamentos. Solo la muerte parecía despierta a aquellas horas.

Después de la noche más larga y terrible, vino la policía a buscarnos. La comisaría era una casucha perdida en el trópico y me hicieron teclear a mí la denuncia porque el policía no sabía escribir.

Deje mi curso de yoga antes de lo previsto, vino con nosotras Jano, un amigo barcelonés que había conocido en la formación. Nos fuimos a practicar otro tipo de yoga, el karma yoga, el yoga o camino de l’acción desinteresada. Nos fuimos con ella a pasar sus últimos días en India, a intentar despertarla de esa pesadilla y a recuperar su sonrisa.

A pesar de lo traumática que fue la experiencia, gracias a la complicidad de Jano, a la ayuda de los compañeros y profesores del curso y a la valiente y serena actitud de la chica, sacamos todos un gran aprendizaje. Una lección de vida que no se aprende en ninguna escuela.

Sorprendentemente los policías encontraron al chico, fuimos a reconocerlo y después de que nos invitaran a pegarlo con una madera, cosa a la que nos negamos, nos prometieron encerrarlo siete años en la cárcel.

Al dia siguiente ella volvía a Canadà. Jano volvía a Barcelona y yo seguía mi ruta, con cicatrices internas, pero con fuerza en el corazón.

Desgraciadamente en India y concretamente en Goa estos casos suceden a menudo así que lanzo un grito a las mujeres que viajamos solas. Una llamada para  desarrollar una actitud de plena atención y conocer la cultura del lugar, sus códigos, sus costumbres, sus peligros y sus amenazas.

Hay 3 comentarios en esta publicación

  1. Ares
    3 horas ago

    Intens relat, Índia i la seva intensitat per mostrar-te la realitat de les coses… i com la pràctica del ioga va més enllà d’un mateix i de la yoga mat i arriba en la connexió amb l’altre, l’acompanyament i l’acció desinteressada. Gràcies per compartir aquest viatge, m’ha remogut com remou l´India mateixa a cada pas!

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  2. hija de la luna
    11 horas ago

    Gracias por compartir esta vivència Violeta – me remueve, como que no! – aunque por desgracia m’imaginaba un final así.
    Justo en muchas otras culturas somos aun mas vulnerables ¡¡¡ nosotras – las mujeres !!!
    Pero desde nuestra hermandad tejiendo redes de apoyo , con muuucha informacíon y con hacer visible la equitad de los dos sexos – podemos conseguir despertando a la humanidad entera. El Karma yoga es parte de este camino – como muchas otras. El estar conectado con nuestro centro de poder y nuestro corazon – creo que es lo mas importante para poder llegar a un cambio verdadero.
    WAHE GURU <3

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  3. Tesoros de tailandia – Yoga por el mundo
    16 horas ago

    […] en el aeropuerto de Bangkok y todo nos parece increíblemente ordenado y silencioso. Ahora India parece haber sido un sueño, uno de esos de los que te levantas aliviado, por tanta […]

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