Viviendo cíclica(mente)

La semana pasada hize 32 años. Hacer años me invita a reflexionar sobre el paso del tiempo. Antes solía entender y vivir el tiempo de forma lineal, una línea recta con un principio y un final. Nacimiento y muerte. Me acordaba de la escuela y de la frase. Nacer, crecer, reproducirse y morir.  Tan simple, tan vacío que me ahogaba. La sociedad patriarcal se empeña en que sigas esa linea recta, cuanto más recta mejor.

Yo seguí la línea, más o menos recta, hasta que llegué a la universidad. La carrera de historia del arte me permitió abrir puertas y ventanas a mi mente. Analizar y observar la vida de tantos artistas, cineastas, músicos y escritores me dió algunas respuestas y planteó muchas preguntas.

Qué es la vida? Un frenesí. Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son. Pedro Calderón de la Barca

Enseguida empezé a buscar más y más. En las artes, las ciencias, en los sueños.. Me convertí en una arqueóloga de la verdad, mi verdad.

El viaje como forma de auto-conocimiento fue una de mis mejores herramientas. Cuanto más lento y más cerca, mejor.


A los 20 años descubrí el yoga como actitut vital, física y mental. Descubrir el silencio que habita dentro de mí, el estado de presencia y la relación de mi cuerpo con el todo, fue revelador. Conocí mi microcosmos y con el, el macrocosmos. El yoga fue mi primera revolución interior. El único camino que sigo caminando y que parece no tener fin.

Conocí a Carla, solíamos meditar y soñar con parajes lejanos. Finalmente nos fuimos. África. El desierto. La nada. Después vino América y Asia. Lejos quedan las ruinas griegas donde nos conocimos trabajando.

En nuestras conversaciones aparecían mujeres vestidas de diosas, mitos, leyendas y arquetipos.

Hacia años que en mis búsquedas había conocido a Sophia Style y un libro: Luna Roja, de Miranda Grey. DIcen que los mejores libros son los que te cambian la vida. Este es sin duda uno de ellos. No por su estilo literario, sino por un contenido que ponía fin a mi sufrimiento. Un texto que ponía nombres a mis estados mentales y emocionales que me envolvían cada mes, y a los que no conseguía dar sentido.


El libro explica que cada mes transitamos por un ciclo de 28 días que dividido en cuatro fases, nos sitúa en estados muy diferentes de conciencia.

Cuatro semanas y cuatro energías reguladas por los fenómenos físicos de la preovulación, la ovulación, la premenstruación y la menstruación.

Durante muchos siglos esta naturaleza cíclica esencial, ha sido olvidada, incluso manipulada, impidiendo y negando la propia conexión de la mujer con su cuerpo, su placer y el poder que emana de esta nueva situación y reconquista del propio cuerpo. El propio vehículo, desde donde poder conseguir estabilidad y libertad a todos los niveles. La libertad de poder ser quienes somos y vivir en armonía con esta gran variedad y riqueza de estados emocionales por los que pasamos cada ciclo.

El entenderme cíclica, me sintonizó. Conmigo misma, con la luna, con las estaciones, las horas del dia, con la mitología, con el arte, con la vida.

Entendí porqué hay semanas que salgo suelta como mi pelo y otras que la tristeza me niebla la mirada. Días que abro mi casa de par en par y otros que me encierro aislada en mi cueva. Y entender que todo está bien, que todo es necesario, me liberó. Me liberó de mi misma y de las presiones sociales o culturales.

Con Carla compartíamos esta sensibilidad. Y la seguimos compartiendo. Dos hijas llegaron al mismo momento. Queridas pero inesperadas. Nur, luz en árabe y Zoe,  vida en griego.

Con toda esta nueva luz en nuestras vidas, formamos GAIA, asociación de mujeres, arte y mitología. Seguimos generando, estudiando y compartiendo conocimiento sobre la historia del arte, la mitología y la naturaleza cíclica de la mujer.

Toda esta sabiduría tiñe mi vida y mi práctica de Yoga. Tratando de adaptar mi cuerpo a las necesidades físicas, emocionales y psicológicas de cada ciclo. Sea este el ciclo lunar, menstrual o el ciclo solar, anual.
Usando la sabiduría del yoga para sentir e integrar más esa ciclicidad en mi cuerpo, para experimentarla, para moverla, respirarla.

Para sentirme en harmonía con mi naturaleza y ser UNA y CICLICA.

Des de entonces esa línea recta se ha convertido en una espiral, por la que voy transitando, avanzando, retrocediendo o bailando. Ya no hay muerte, ni nacimiento, hay transformación, cambio, circulación.

There are 4 comments on this post

  1. Ares
    6 horas ago

    Gràcies Violeta!

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  2. Esther
    11 horas ago

    M’ encanta el que comparteixes.Gràcies Violeta!

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  3. Maria
    18 horas ago

    Es preciós! i quanta raó!!

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  4. Òria
    5 horas ago

    M’encanta!! és tan important entendre i respectar la nostra ciclicitat!

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